17.3.12

Rodeándome, tibio, desnudos, abrazándome con el amor indecible me quisiste:

-Mía. No sé si te gusta, pero yo pienso que sos mía. Mía, siempre.

Tanto amor me recuerdan nuestras palabras. Tanto te esperé y tanto te gocé.
Tanto que vos también me sentiste plenamente tuya, tanto que nos enfermamos de amor.
Tanto que la violencia se hizo partícipe y nos sacudió hasta hacernos polvo.
Volaste como el fénix que siempre fuiste, dejando la ceniza en el suelo, gris y seca.
Poco puedo hacer sin tu magia, fénix, mi fénix, te necesito para volver a volar.
Te espero mío, siempre.

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