29.9.15

Tengo una enfermedad terrible: si no me sincero con mis sentimientos, me puedo llegar a morir (de impotencia). Así que te lo voy a decir: me gustabas. Pero no quería que me gustes, no podías gustarme, porque estamos en diferentes sintonías: vos sos AM, yo FM. La diferencia de edades, la diferencia de la textura que envuelve nuestra cotidianeidad: los dos somos polifonías, una desarrollada en el renacimiento, otra en el s. XX. Dos frecuencias simultáneas, fundamental y armónica a la octava, muy parecidas, pero no idénticas; separadas por las distancias interválicas que cavan el pozo que hundió mi ilusión a 14 semitonos. Así que me alejé, me inventé un río y me fui nadando a contracorriente hasta un lugar seguro y con poca luz. Quisiera ser tu amiga, pero no puedo, porque reirme con vos, y congeniar tan bien, me hace sentir especial, y a la vez, una miseria no-correspondida.
Una vez me dije a mí misma que las cosas que uno quiere preservar las tiene que cuidar, pero a veces me olvido y las pierdo. Y te perdí. Y está bien; en el fondo de mi alma inexistente te quería perder, y perder  las futuras desilusiones que me deparaba la vida si algo pasaba entre nosotros, SI es que algo hubiese podido pasar. 
Perdoname por el olvido, perdoname por no poder decirte la verdad. Creo que me haría más miserable a mí, y a vos te pondría innecesariamente incómodo. Ojalá seas muy feliz.

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