27.4.11

Explosión

No pertenezco a estos tiempos.

No sé si es que me da miedo el amor, o si es que nace tan incipiente en mí que temo lo derriben de un flechazo.

Yo veo, yo siento, me golpeo.

¿Son todos ellos así? ¿Es cierta la insistencia que habla de “los hombres” como una especie aparte que embiste los valores femeninos? Si así fuese, de por cierto que todas las féminas enamoradas sufrirían en silencio la mentira que les es devuelta a cambio de la entrega, ¿acaso callan, acaso no se dan cuenta?

Hoy las vi desde los ojos de un hombre –de uno sólo. Como monedas, como regalos de navidad, como celulares, como el agua del río que siempre está ahí; nunca es la misma, siempre cambia sin dejar registro alguno en la atención del hombre. Supe entonces, creí saber, inventé mi historia. La conciencia incomprensiva.

Yo, señor, señora, ojos verdes, labios de frutilla, no pierdo mi tiempo en nada ni nadie para tener alguien con quien ir al cine o para hacer el amor segura y sin remordimientos. Digo, no me resultan para nada complicados los amoríos, las relaciones casuales, las relaciones puramente sexuales. Ahora, sí me es difícil entender por qué tanto chamuyo para un rato de placer. ¿Para qué enroscarte en vaivenes sentimentales pasajeros y miradas que no van a durar más que una película, si solamente quiero tu sexo?

Si mis ojos miran, buscan; si mi lengua habla, quiere; si mi corazón late, siente. No lo bombees para chuparte la sangre. Puedo darte lo que querés sin tantas vueltas; sólo no me hagas mirar, hablar y sentir porque te de cosquillas molestas la soledad, porque te abata el aburrimiento.

Hoy creí saberlo, todos mienten. Soy la única que busca la chispa dorada que brilla a 100ºC. Ni a 56º, ni a 20º, ni plateada, ni de menta, ni de limón -¡deberías existir, deberías! Y ustedes que viven confundiéndome, dejando huellas invisibles sobre mi cuerpo en blanco; cuando cada paso lívido fabrica en mí portales venenosos. Esto es lo que todo cuerpo ligero debería leer antes de acercarse, escrito en mi frente.

Porque no quiero vivir más en esta confusión, no quiero temerle a lo que llaman amor, y menos que me lo vuelvan a quebrar de un flechazo.

Tal vez en un futuro, tal vez en otras dimensiones, el sexo y el sentimiento convivan alejados, como en mi cabeza, y yo pueda renacer para tragar esa chispa que hierve.

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