No me sale darte un beso. Es eso básicamente.
Quiero verte, pero a la vez no tanto, es decir, tengo que hacer cosas yo también; y cuando me decís de hacer algo muchas veces la colgás, entonces… ya, a mí, no me dan ganas de mover para ver qué onda, y todo esto me aburre un poco.
La flasheé con vos, porque encontré en lo que sos, mucho de lo que soy yo, y noté que te falta mucho de lo que a mí me falta, también, y sos tan lindo. Pero aun así no logro comprenderte en la mayoría de tus formas, y me hacés dudar de las mías propias. Eso me espabila.
Y ahora solamente me mareás, porque sé que no intentás acercarte, sino simplemente pasar el tiempo. Y yo, que de estas ya tuve las mil y una, no me engancho en tu obra y me quedo tras bastidores con miedo a salir en escena.
Éras único entre los cinco, el de todos los números, el que me quitaba el sueño, el que me robaba la atención en cualquier conversación. Qué lástima.
Los números siguen fluyendo, pero no hay sobresalientes entre ellos, ninguno es capaz de hacerme tirar la guitarra o los libros como vos.
Me pregunto cuál sería la diferencia si me hubiese salido darte un beso…
¡Qué va!
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